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14. SAN AGUSTÍN

EL PENSAMIENTO DE SAN AGUSTÍN

Para la cristiandad latina, San Agustín es el más grande de los Padres, tanto desde el punto de vista teológico como literario. Su pensamiento dominó el mundo occidental hasta el siglo XIII.

BIOGRAFÍA 

Nace en Tagaste, (Hoy en Argelia) donde realiza sus primeros estudios. Luego pasó a Madaura y Cartago donde simpatizó con el Maniqueísmo. La lectura de Cicerón lo impulsó a la búsqueda de la filosofía. Acudió a los sermones de San Ambrosio que resolvía problemas maniqueos con la interpretación de la Biblia. Su influencia sumada al Neoplatonismo le conducirán a su conversión al Cristianismo en el 386 d.C.

Fue ordenado sacerdote y consagrado obispo de Hipona. Escribió numerosas obras de carácter filosófico, teológico o exegético que fueron la base del pensamiento cristiano durante la Edad Media. Murió en el 430 en Hipona mientras los bárbaros sitiaban su ciudad.

HACIA UNA FILOSOFÍA OFICIAL CATÓLICA

La intención de San Agustín queda clara en sus sermones. La función apologética se manifiesta en su interés por definir la verdadera doctrina cristiana frente a otros modos de interpretar el Cristianismo. Su exposición se presenta como defensa frente al Maniqueísmo, Donatismo y Pelagianismo, movimientos surgidos dentro del Cristianismo pero declarados heréticos. Las soluciones aportadas por San Agustín pasarán a formar parte de la doctrina oficial del Cristianismo. Tomará ideas del Platonismo, del Neoplatonismo y del Estoicismo.

LAS CONFESIONES

Es su libro las Confesiones, San Agustín narra su evolución personal desde el Paganismo hasta el Cristianismo. Relata el abandono de un determinado modo de vida y el seguimiento de sus inquietudes intelectuales como consecuencia de la influencia divina, que descubre en el interior de sí mismo. El deseo de la sabiduría le había hecho ponerse en contacto con los sabios de su época, entre ellos con los Maniqueos, pero la predicación de San Ambrosio lo hizo entrar en contacto con las ideas cristianas y con la forma alegórica de interpretar las escrituras. Desde su perspectiva de converso, explica que el pensamiento anterior le parece incompleto y que ha sido completado por el Nuevo Testamento, especialmente por el Prólogo de San Juan. Se propone pues, completar la filosofía con la perspectiva cristiana que le faltaba.

CONOCIMIENTO Y VERDAD

San Agustín pretende alcanzar la verdad, pero no una verdad cualquiera, sino la Verdad en sí misma, la sabiduría en sentido griego. Solo si el hombre la alcanza, encuentra la felicidad. La verdad solo se la alcanza conociendo y el conocimiento solo lo puede obtener el alma. San Agustín distingue tres niveles de conocimiento:

CONOCIMIENTO SENSIBLE Es el que tenemos de las cosas a través de los sentidos. Llega al alma a través del cuerpo. Sin embargo, no es fidedigno pues el objeto y el cuerpo aportan deficiencias.

CONOCIMIENTO RACIONAL Es una elaboración efectuada por la razón a partir de los datos de los sentidos. Este nivel distingue al ser humano de los demás seres vivos. Este conocimiento permite obrar al ser humano.

CONOCIMIENTO CONTEMPLATIVO Se refiere a la contemplación de las ideas eternas, se trata del conocimiento objetivo, de la sabiduría. Solo es posible alcanzarlo en el interior: es la presencia de Dios en el ser humano. Con él se descubre la felicidad.

LA TEORÍA DE LA ILUMINACIÓN

Como alcanzar el conocimiento requiere algo mayor a nuestra capacidad, es necesaria una ayuda exterior. Es necesaria una luz que ilumine como en el mito de la caverna, esa luz es Dios. Dios “ilumina” la mente finita para que alcance lo inmutable, aquello que se encuentra más allá de nuestra naturaleza.

La iluminación actúa en el interior del hombre, donde se descubre la Verdad. Sin embargo, la verdad no consiste en descubrir a Dios, sino en descubrir las verdades esenciales necesarias para alcanzar nuestra felicidad. Así, el ser humano descubre al Deus absconditus, al Dios escondido en el interior del ser humano.

EL COMPUESTO HUMANO

La concepción agustiniana del ser humano es dualista, al estilo platónico. El hombre es alma y cuerpo. La realidad se muestra en el interior como razón, y la razón es el alma propiamente dicha. El alma posee dos niveles: razón superior y razón inferior. La superior es la que lo acerca a Dios. El alma define propiamente al ser humano y es una sustancia dotada de razón destinada a regir el cuerpo. El alma ha sido creada por Dios y es inmortal e indestructible. El alma es espiritual, el cuerpo es material y debe ser dirigido por el cuerpo. Sin embargo, a causa del “pecado original” el alma no siempre puede dirigir al cuerpo.

LA CONDUCTA MORAL

Como el ser humano nace en pecado, para Agustín, la moral va unida a la voluntad, que determina las acciones humanas por su capacidad de deliberar y tomar decisiones. A consecuencia del pecado original, el ser humano nace con voluntad débil. Está inclinado a obrar mal. San Agustín defiende la necesidad de redención, esto ayuda a que por la Gracia, el hombre transforme su libre albedrío en libertad. Y como la felicidad se la encuentra en Dios, el principio de la moralidad es el amor a Dios. EL SENTIDO DE LA HISTORIA San Agustín no se limita a dar sentido al ser humano individual, sino que explica su destino como parte de una colectividad. La búsqueda del amor de Dios es el criterio de clasificación de los seres humanos: los que siguen el amor a Dios y los que se centran en el amor a sí mismos hasta el desprecio de Dios. Hay una lucha entre dos tendencias, una positiva y una negativa. Simboliza esto en dos ciudades: la ciudad terrena, Babilonia y la ciudad celeste, Jerusalén. Así, mientras llega el tiempo final, seguirá la lucha entre las dos ciudades: la de los hombres que quieren vivir según la carne y la de los que quieren vivir según el Espíritu… deseando ver cada uno colmado sus anhelos.

LA TEORÍA POLÍTICA

Para Agustín, para que el Estado cumpla con su verdadero papel, la justicia, debe estar informado de los valores espirituales del amor de Dios. Esta tarea compete a la Iglesia, sociedad perfecta y superior al Estado. Estado e Iglesia se guiarán por valores espirituales pues así construirán una ciudad perfecta y justa. El Estado sigue la ley positiva, establecida por la autoridad y la Iglesia la ley natural que Dios ha puesto en el corazón humano y que debe inspirar al Estado. 

El origen de la autoridad está en Dios que es el autor de la naturaleza y de quien deriva todo poder. Por ello, la Iglesia puede investir a los gobernantes como representantes del poder divino en la tierra. Como consecuencia de plantear que el Estado debe regirse por intereses espirituales, se ponen la base de dos teorías políticas: el Cesaropapismo y el Agustinismo político. 

Según el Cesaropapismo, dado que la Iglesia es la comunidad de los fieles cristianos que buscan a Dios y a la justicia, el Estado debería estar sometido o, al menos, dejarse guiar por la Iglesia. 

El Agustinismo político como reinterpretación del pensamiento de San Agustín, según la cual el poder político debe estar sometido al religioso. 

La preponderación económica, religiosa y política que irá adquiriendo la Iglesia durante los primeros siglos de la Edad Media reforzará esta tendencia bajo la alianza entre el altar y la espada.

DIOS, LA CREACIÓN Y EL PROBLEMA DEL MAL

En el sistema de San Agustín hay un constante recurso a Dios, presente en el interior del hombre y fin de la historia. La existencia de Dios es la exigencia de todo su pensamiento aunque no le interesó mucho comprobar que existe. Sin embargo, fundamenta su existencia en la necesidad de una base firme para la existencia de un conocimiento verdadero.

Este Dios es el fundamento de lo existente, el creador, no el demiurgo griego. La creación es producto de las ideas eternas de la mente divina. La creación del mundo es un acto libre de la voluntad divina. Crea todo lo que existe, lo que existió y lo que existirá. A esta forma de creación la conoce como ejemplarismo (parecido al estilo Platónico). Las cosas no fueron hechas como son sino como semillas que se despliegan en el tiempo.

Este mundo es un conjunto de seres que tienen diversos grados de perfección, desde el mero existir hasta el entender pasando por el vivir, y culminando en el ser humano. Es lo que se conoce como escala de los seres.

EL MAL

Como creatura de Dios, el mundo tiene que mostrar de algún modo la perfección divina. Sin embargo, hay en el mundo aspectos que parecen negativos, contrarios a esa perfección, como pueden ser las enfermedades, la violencia o los defectos en los seres naturales y en los comportamientos humanos que hacen que las cosas se alejen del plan divino. San Agustín considera que el mal, tanto físico como moral, no es una creación divina porque denotaría imperfección sino que es una carencia, una privación, y en cuanto tal no es algo que exista realmente. La carencia de realidad del mal, el hecho de que sea una mera afección, un accidente en terminología aristotélica, la priva de toda existencia real de ser “cosa” y por tanto, no es objeto de creación. El mal, es algo que se ha introducido en este mundo por causa del pecado, es decir, por un acto de la voluntad que nace de la desobediencia de los primeros padres, por lo tanto el mal es responsabilidad del ser humano.





Comentarios hacia esta página:
Comentado por tjet7( jtje5idghm ), 01-05-2017, 19:32 (UTC):
tu56ityjmsh

Comentado por luis( pipe_09_95hotmail.com ), 04-12-2010, 22:26 (UTC):
:-



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